Galería digital de participación colectiva con arte callejero de ciudades alrededor del mundo y Chile. Este espacio esta dedicado a celebrar la expresión callejera, la creatividad como un discurso libre, y el arte fuera de los espacios institucionales
martes, 10 de noviembre de 2015
viernes, 16 de octubre de 2015
Arte callejero chileno y en el mundo.
Las coloridas calles decoradas con murales llamativos o diseños surrealistas pueden ser una de las cosas más interesantes para muchas personas que visitan Chile.
Varias ciudades a lo largo del país, en especial Santiago y Valparaíso, son consideradas por comunidades de arte callejero de todo el mundo como algunos de los lugares más fascinantes para pintar. De hecho, en la actualidad, Valparaíso es considerada la segunda capital del graffiti más importante del mundo después de São Paulo.
El graffiti como opinión propia considero que es acción, cultura popular, revuelta, improvisación, disensión y pura inspiración más que rayados y pinturas varias es una forma de expresan cada pensamiento de una manera diferente a través de murales y colores, El graffiti es una actitud, fuerza pura… no es una decoración, es subversivo.
Aunque el graffiti y el arte callejero cuentan historias distintas en cada país, su historia en Chile se remonta a los años previos al gobierno de Augusto Pinochet, cuando grupos opositores anónimos pintaban murales para hacer visible su descontento con el gobierno.
El graffiti en la actualidad.
Su historia es una de disconformidad, en años recientes el muralismo y arte callejeros han sido aceptados por una audiencia mucho más diversa en las ciudades de todo el país.
Polanco Graffestival Valparaíso.
A principios de noviembre, Valparaíso fue sede del primer festival de arte callejero de Latinoamérica, el Polanco Graffestival, en el que casi 80 grupos y artistas del graffiti chilenos y de otros seis países Latinoamericanos fueron invitados a participar pintando murales en el Cerro Polanco, un barrio humilde de la ciudad porteña.
En tres días se completaron 30 murales gigantes que colorearon las calles de un área que solía estar en malas condiciones.
Los grafiteros murales y pinturas callejeras tanto en chile como en diferentes lugares del mundo se consideran como estilos de vida ya que pasan sus tiempos en esto algunos trabajan en esto viven de esto, al que esto se haga un estilo de vida hace que no simplemente sean rayados sin culturo u otro tipo de expresión son simplemente como dije anteriormente no una decoración sino una libre expresión de cosas que pasan en el mundo a diario.
viernes, 2 de octubre de 2015
Break dance conquistando las calles, ul baile callejero de música libre ...
Break dance conquistando las calles, ul baile callejero de música libre como arte urbano.
Valparaiso Cerro Abajo 2015 - Tomas Slavik, final run
Valparaiso Cerro Abajo 2015 - Tomas Slavik, final run
Muralismo en Chile: De la clandestinidad a las grandes Alamedas.
Con temas más variados y no siempre políticos, el muralismo está ganando seguidores entre los artistas jóvenes en Chile. Pero la vieja escuela brigadista de los 60 y 70 sigue siendo la gran fuente de inspiración de esta expresión que le da color e identidad a los barrios.
Sobre un andamio instalado en la vereda norte de la Alameda, casi llegando a la calle Namur, Ian Pierce (34 años, de nombre artístico Ekeko) pinta con un rodillo la figura de un mapuche que baila una danza llamada Choique Purrum. Ian es artista visual de la Universidad de Chile y a los 14 años empezó a pintar en las calles con la Brigada Ramona Parra. Es el mediodía del martes y desde las ocho y media que él trabaja con dos amigos para cubrir 30 metros del muro que está a un costado del GAM. En la misma tarea están el colectivo de artistas visuales de la Brigada Negotrópika y Matías Noguera (33 años, Matu), arquitecto y pintor, quien tiene a su polola Isabel como reclutadora de amigas-ayudantes. Los tres fueron los ganadores del concurso graffiti-mural GAP/GAM y como premio podrán lucir sus obras al lado del centro cultural por un tiempo indefinido.
Algunos peatones se detienen a mirar. Otros les hacen preguntas. De pronto, aparece un guía de la agencia Free Tour Santiago que les muestra los murales a una veintena de jóvenes turistas de Estados Unidos, Australia, Alemania y Holanda. Les habla en inglés del sentido social de los “graffitis” y del “estilo sicodélico” que caracteriza a los murales de la Brigada Ramona Parra. Los visitantes toman fotos.
Según Ian, la gente cada vez está validando más estas expresiones artísticas. Gracias a eso el llamado StreetArt chileno está en un buen momento. Luego de años de disputas callejeras entre los cultores del graffiti de un lado y los del mural por otro, hoy han logrado convivir en el espacio público, han fusionado técnicas (como el uso de spray y óleos) y ya no son excluyentes, al punto que según Sebastián Navarro (Charquipunk), uno de sus exponentes de más renombre, se ha hecho muy difícil definirlos por separado. Además, los artistas reconocen que no sólo están sumando espacios para su trabajo en las murallas de casas, edificios o autopistas o en el espacio que ha puesto a su disposición el GAM, sino que los transeúntes, que finalmente son su público, les están poniendo más atención y entusiasmo.
Con temas más variados y no siempre políticos, el muralismo está ganando seguidores entre los artistas jóvenes en Chile. Pero la vieja escuela brigadista de los 60 y 70 sigue siendo la gran fuente de inspiración de esta expresión que le da color e identidad a los barrios.
Sobre un andamio instalado en la vereda norte de la Alameda, casi llegando a la calle Namur, Ian Pierce (34 años, de nombre artístico Ekeko) pinta con un rodillo la figura de un mapuche que baila una danza llamada Choique Purrum. Ian es artista visual de la Universidad de Chile y a los 14 años empezó a pintar en las calles con la Brigada Ramona Parra. Es el mediodía del martes y desde las ocho y media que él trabaja con dos amigos para cubrir 30 metros del muro que está a un costado del GAM. En la misma tarea están el colectivo de artistas visuales de la Brigada Negotrópika y Matías Noguera (33 años, Matu), arquitecto y pintor, quien tiene a su polola Isabel como reclutadora de amigas-ayudantes. Los tres fueron los ganadores del concurso graffiti-mural GAP/GAM y como premio podrán lucir sus obras al lado del centro cultural por un tiempo indefinido.
Algunos peatones se detienen a mirar. Otros les hacen preguntas. De pronto, aparece un guía de la agencia Free Tour Santiago que les muestra los murales a una veintena de jóvenes turistas de Estados Unidos, Australia, Alemania y Holanda. Les habla en inglés del sentido social de los “graffitis” y del “estilo sicodélico” que caracteriza a los murales de la Brigada Ramona Parra. Los visitantes toman fotos.
Según Ian, la gente cada vez está validando más estas expresiones artísticas. Gracias a eso el llamado StreetArt chileno está en un buen momento. Luego de años de disputas callejeras entre los cultores del graffiti de un lado y los del mural por otro, hoy han logrado convivir en el espacio público, han fusionado técnicas (como el uso de spray y óleos) y ya no son excluyentes, al punto que según Sebastián Navarro (Charquipunk), uno de sus exponentes de más renombre, se ha hecho muy difícil definirlos por separado. Además, los artistas reconocen que no sólo están sumando espacios para su trabajo en las murallas de casas, edificios o autopistas o en el espacio que ha puesto a su disposición el GAM, sino que los transeúntes, que finalmente son su público, les están poniendo más atención y entusiasmo.
Un total de 128 trabajos recibió el GAM para el concurso graffiti-mural. Los jurados fueron Payo Söchting (en la foto), Charquipunk, Alejandro “Mono” González y Cekis.
De la propaganda al arte
Alejandro “Mono” González (67) es uno de los fundadores de la Brigada Ramona Parra y de los principales referentes que hay en el muralismo chileno. Cuando lo llamaron para que fuera jurado del concurso graffiti-mural GAP/GAM ni siquiera sabía qué era GAP. Le tuvo que preguntar a su hijo Nicolás (19), que le dijo que era una marca de “poleras caras”. Pero aceptó por el lugar en que se desarrollaría el proyecto ganador: Alameda a metros de Portugal, donde él mismo pintó la primera obra de este tipo que se hizo para celebrar el triunfo de Allende en la elección de 1970. “Tiene toda una simbología para mí”, dice el entonces brigadista.
Si bien en la academia existía interés en el mural como arte social cuando los artistas mexicanos David Alfaro Siqueiros y Xavier Guerrero visitan el país luego del terremoto de 1939, su uso como propaganda política comenzó para las elecciones presidenciales del año 1964 entre Eduardo Frei, Julio Durán y Salvador Allende. La postulación de este último había convocado a folcloristas y literatos, y faltaban los artistas. Luz Donoso, Carmen Johnson y Pedro Millar pintaron en favor de Allende, entre otros, los muros exteriores del Hospital Ramón Barros Luco. Pero ese trabajo fue puntual y se requería continuidad. Más cuando la campaña de Frei había ideado un logo con su nombre en una bandera chilena que sus adherentes iban pintando por todo el país. Eso sacó a las juventudes allendistas a las calles.
“Nosotros teníamos que hacerles el peso y ganar todos los muros para Allende”, recuerda González. Así surgieron los brigadistas. “Tenían que ser jóvenes y buenos para correr y arrancar. Había mucha adrenalina en ese trabajo”, agrega el “Mono”. Eso influyó en la técnica: uno trazaba, otro rellenaba y un tercero pulía. “Nadie nos dijo que pintáramos de tal manera, pero teníamos que decir mucho con esas imágenes. Yo sentía que estábamos educando. Parecíamos los canutos de la pintura, predicando con las imágenes sobre valores y las ideas al pueblo”.
Ian Pierce (Ekeko) se quedó con el segundo lugar del concurso graffiti-mural GAP/GAM. Nicolás González, hijo del “Mono”, y Fernando Rodríguez le ayudaron a pintar sus 30 metros de muro.
En 1969 surgen las brigadas con nombre y apellido, como la Ramona Parra. Como era una actividad prohibida lo hacían de noche, escondidos. Al principio los propios sectores de izquierda se oponían a ellos por malgastar los recursos del pueblo, pero marcaron un hito en el muralismo chileno y fueron ganando reconocimiento. Ahí hubo dos hitos clave: la exposición que hizo el Museo de Arte Contemporáneo de este tipo de arte en 1971. Todavía más importante fue que ese mismo año, Roberto Matta, que estaba de visita en Chile, pintó junto a los brigadistas el mural El Primer Gol del Pueblo Chileno en la Piscina Municipal de La Granja. González recuerda que José Balmes, entonces decano de la Facultad de Artes de la U. de Chile, decía que había más alumnos pintando en la calles que en las aulas de la universidad.
Luego del golpe de Estado, el muralismo, que era una expresión completamente asociada a la izquierda, fue perseguida y el trabajo de las brigadas se refugió en las poblaciones o al alero de las parroquias y perdió mucha fuerza.
A fines de los 80 y comienzos de los 90, eso sí, aparece una nueva expresión de arte callejero: el graffiti, que llega importado de Estados Unidos y de la mano del hip hop. Los muralistas “históricos” no lo recibieron bien. “Menos si venía de Estados Unidos”, dice González. Tampoco les gustaba que la firma fuera más importante que el mensaje. “El graffiti local vino a ser la expresión más individual de una sensibilidad juvenil que cuestiona al mundo adulto y a las instituciones”, explica Eduardo Castillo, académico de Diseño de la Universidad de Chile y autor del libro Puño y Letra. Movimiento social y comunicación gráfica en Chile. Pero el graffiti consiguió algo que el muralismo no había logrado: llegar a todos lados, aunque no siempre tuvieran buena acogida. Se podían ver en Las Condes, en Plaza Egaña, en Puente Alto o en los barrios populares donde los hinchas de Colo Colo y Universidad de Chile los utilizaban para marcar territorio.
Arte callejero en Nueva York pide por derechos en Irán
El periodista Maziar Bahari llama la atención con una campaña sobre libertad de prensa y acceso a la educación en Irán, donde pasó 118 días en prisión tras una aparición en "The Daily Show with Jon Stewart".
El periodista Maziar Bahari llama la atención con una campaña sobre libertad de prensa y acceso a la educación en Irán, donde pasó 118 días en prisión tras una aparición en "The Daily Show with Jon Stewart".
Seis murales en Nueva York y Jersey City fueron pintados para hacer un llamado a los diplomáticos que acuden a la Asamblea General de Naciones Unidas y abran un debate sobre los derechos humanos.
En uno de los murales, de 27 pies de altura, se puede observar el retrato de Atena Farghadani, una artista y activista que cumple una pena de 12 años en Irán por haber dibujado una caricatura que critica los límites de acceso de las mujeres al control de natalidad, informó la AP.
"Queremos crear un discurso en la ciudad para cuando los líderes mundiales, los diferentes delegados vengan a Nueva York en septiembre, al menos algunos de ellos hablen sobre la situación de los baha'i en Irán, algunos de los ellos hablen sobre los periodistas en Irán", dijo Bahari, según la AP.
La artista argentina, Marina Zumi, que pintó el mural de Harlem, dijo que espera que su obra provoque reacciones sobre la justicia social.
Parris Douglas, que pasaba por el lugar, se sintió atraído por la gacela que pintaba Zumi.
Irán tiene más de 30 periodistas encarcelados, según el Comité para Proteger a los Periodistas.
jueves, 1 de octubre de 2015
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